Una de las limitantes más grandes que se tiene para brindar seguridad pública de forma eficiente es la escasa aplicación del análisis de datos, la estadística y la geografía en la definición de las formas operativas. La seguridad no puede seguir siendo administrada únicamente por intuición, tradición o reacción política inmediata; debe ser conducida por evidencia.
Es evidente, al observar los despliegues de operativos en calles públicas, postas estacionarias y retenes improvisados, que con frecuencia la fuerza policial no se está ubicando en los lugares donde efectivamente se cometen los delitos, sino en aquellos donde resulta más conveniente, más visible o donde históricamente han estado posicionadas las unidades. Se patrulla donde siempre se ha patrullado, no donde el mapa del delito indica que debería patrullarse.
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