Tecnología y conectividad en los hogares hondureños, 2025

Basado en la LXXXIII Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM), Julio 2025 

Acceso a tecnología en los hogares 

La EPHPM 2025 registra 2,780,759 hogares en Honduras y mide la presencia de cinco dispositivos: radio o equipo de sonido, televisor, computadora, teléfono celular y teléfono fijo. Los resultados muestran un país donde el celular se convirtió en el gran igualador tecnológico, mientras que otros indicadores revelan brechas persistentes o han perdido relevancia estadística.

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Agua y saneamiento en Honduras: lo que revelan los números de 2025

La LXXXIII Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples del Instituto Nacional de Estadística, correspondiente a julio de 2025, registra 2,767,868 viviendas en Honduras. De ellas, 1,620,220 se ubican en zonas urbanas y 1,147,648 en zonas rurales. Los datos sobre acceso a agua y sistemas de saneamiento permiten trazar un mapa preciso de las condiciones en que vive la población y de las brechas que persisten entre el campo y la ciudad. Lo que muestran estos cuadros no es solo un inventario de infraestructura: es un retrato de desigualdad estructural. 

Las fuentes de agua 

A nivel nacional, el 89.2% de las viviendas obtiene agua por tubería instalada. En las zonas urbanas esa cobertura alcanza el 95.0% — con San Pedro Sula a la cabeza (96.6%), seguida del resto de ciudades (95.0%) y Tegucigalpa (94.3%). En el área rural, la cifra baja a 80.9%: aproximadamente una de cada cinco viviendas rurales no cuenta con este servicio. 

El 19.1% restante de viviendas rurales se abastece por medios de calidad variable: pozo con bomba (3.2%), pozo de malacate (2.1%), río o manantial (4.4%), agua del vecino (2.5%) y otras fuentes no especificadas (6.0%). Esta última categoría sugiere una diversidad de arreglos informales — desde captación de lluvia hasta compra a vendedores ambulantes — que escapa de cualquier regulación sanitaria. 

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Las penalidades de la geografía y la digitalización

Honduras ha arrastrado históricamente un rasgo estructural que condiciona profundamente su desarrollo: la centralización de su aparato estatal. Una proporción significativa de los trámites, servicios y gestiones públicas solo puede realizarse en la capital —o, en el mejor de los casos, en unos pocos centros urbanos principales—. Esta realidad, combinada con una geografía compleja y una infraestructura vial deficiente, convierte el acceso al Estado en un proceso costoso, lento y, para muchos ciudadanos, desproporcionadamente difícil. 

 No se trata únicamente de incomodidad. Para miles de personas y empresas fuera de los principales núcleos urbanos, cumplir con obligaciones o acceder a servicios públicos implica invertir horas —a veces días— en traslados, asumir costos de transporte, alojamiento y alimentación, y sacrificar tiempo productivo. En otras palabras, el simple acto de interactuar con el Estado se convierte en una carga adicional que penaliza, de forma sistemática, a quienes están fuera del centro. 

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Las ventajas de pagar pronto

Uno de los pilares menos discutidos —pero más determinantes— de la reputación personal y organizacional es la forma en que se gestionan las obligaciones financieras. En un entorno donde la confianza es un activo escaso y altamente valorado, pagar a tiempo —y mejor aún, pagar pronto— no es simplemente una buena práctica administrativa: es una declaración de principios. 

 Cumplir con las deudas en tiempo y forma, sin necesidad de recordatorios, presiones o renegociaciones, constituye uno de los mecanismos más efectivos para construir credibilidad. Esta credibilidad, a su vez, se traduce en algo mucho más valioso que cualquier ahorro financiero de corto plazo: capital reputacional. 

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