Honduras ha apostado durante décadas por distintos regímenes especiales para promover las exportaciones y la inversión orientada a mercados internacionales. Las maquilas, las zonas libres y los regímenes de importación temporal han sido herramientas importantes para atraer empresas manufactureras y generar empleo. Sin embargo, el crecimiento del comercio global y la evolución de las cadenas de valor plantean una pregunta cada vez más relevante: ¿por qué la posibilidad de exportar competitivamente debe depender de pertenecer a un régimen especial? Tal vez ha llegado el momento de explorar una alternativa más simple y universal: que todo el país funcione, en la práctica, como una plataforma exportadora.
La lógica económica detrás de esta idea no es nueva. En la mayoría de los sistemas tributarios modernos existe el llamado principio de destino, según el cual los impuestos al consumo —como el impuesto sobre ventas o el IVA— deben aplicarse en el país donde el bien se consume, no en el país donde se produce. Por esa razón, en gran parte del mundo las exportaciones se consideran operaciones a tasa cero para efectos del IVA o su equivalente. Esto significa que el exportador no cobra impuesto en la venta al exterior, pero sí puede recuperar el impuesto que pagó en sus insumos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha señalado que este mecanismo evita que los productos exportados lleven incorporados impuestos del país de origen, lo que de otro modo afectaría su competitividad en los mercados internacionales.
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