Existe una tendencia persistente —y costosa— a pensar que los problemas de movilidad urbana solo pueden resolverse con obras monumentales: pasos a desnivel, ampliaciones masivas o nuevas vías. Sin embargo, en ciudades como Tegucigalpa, donde la congestión se concentra en puntos críticos, muchas mejoras de alto impacto pueden lograrse mediante intervenciones sencillas, rápidas y bien enfocadas.
La eficiencia vial no depende únicamente de construir más, sino de hacer funcionar mejor lo que ya existe. Y en ese esfuerzo, las intersecciones ocupan un lugar central. Son los puntos donde convergen decisiones, giros, cruces y conflictos. Una intersección mal gestionada paraliza una vía completa; una bien diseñada puede multiplicar su capacidad sin necesidad de grandes inversiones.
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