Experiencias hondureñas en la acumulación inicial del capital
Jose S. Azcona Bocock
Todos los sistemas económicos tratan de lograr la acumulación inicial del capital si buscan desarrollar su sociedad e inician desde la pobreza. En “El capital” de Marx, y “La riqueza de las naciones” de Smith se estudia el proceso, y tienen relevancia para estudiar nuestra historia.
El modelo económico de la colonia era mercantilista, perteneciente al feudalismo o inicios de la modernidad. La corona protegía (dentro de lo posible) las formas tradicionales de posesión de la tierra y formas de producción. Aunque no era progresista, también trataba de prevenir los abusos —o abstenerse de darles cubierta legal— de los sectores más fuertes de la sociedad. Indudablemente, en la era colonial los ladinos se apropiaron de buena parte de los valles y otras áreas fértiles, pero la naturaleza patriarcal del estado prevenía una mayor concentración.
Al iniciar el proceso de desarrollo republicano, se hacía manifiesta la necesidad de crear concentraciones de capital que permitieran el desarrollo. Se usó de modelo el mismo sistema que se había usado en Gran Bretaña desde hacía cientos de años, y repetido en otras latitudes. Este consistía en concentrar el único recurso existente en abundancia (la tierra) en manos de particulares y a la vez incorporar a la población (que vivía en condiciones de subsistencia autárquica) en el mercado.
Existía otro ejemplo de desarrollo, pero no se considerable favorable. La República de Haití, después de su revolución, había eliminado las plantaciones y había convertido la gran mayoría de su territorio agrícola en propiedades pequeñas. Con una población con un bajo nivel de desarrollo y la atomización de las propiedades que se fue dando con el crecimiento de la población, esto no permitía la acumulación que diese lugar al desarrollo.
El modelo tenía dos partes: concentración de propiedades despojando a las poblaciones de sus derechos tradicionales, y obligación del trabajo para un tercero. Guatemala y El Salvador lo implementaron en su totalidad, Costa Rica solo regularizó la posesión existente desfasando la comunal, y Honduras concentró la tierra pública sin eliminar la posesión comunal existente.
De la concentración de tierra pública en Honduras, el mayor beneficio en desarrollo se obtuvo de la que se puso a disposición de las compañías bananeras. Esta solución adolecía de una falla importante, ya que la intención de generar una concentración de capital es que este fuera nacional y sirviera de base para el desarrollo futuro. Al tratarse de empresas extranjeras que operaban como enclave, buena parte de la acumulación se llevaba a otras latitudes, por lo que no permitía un proceso de despegue económico.
Luego se pasó a un modelo en el que el estado se convertía en el acumulador (o promotor). Esto funcionaba a través de nacionalizar empresas de servicios públicos, construir institutos de previsión que directamente controlaran operaciones, y desarrollar una reforma agraria colectiva bajo la sombra del poder público. Este modelo, si bien creaba una base más amplia de participación, no generaba los incentivos para el buen manejo, por lo que los procesos de acumulación no se volvían sostenibles. Las empresas públicas generalmente no pueden generar una acumulación continua a menos que sean manejadas de forma profesional con criterios de mercado.
Una experiencia muy negativa fue usar la capacidad de endeudamiento del estado para financiar el desarrollo de la acumulación privada. CONADI (Corporación Nacional de Inversiones) representaba el corazón de este plan, y falló por que el estado tenía todo el riesgo en las inversiones. No se puede acumular capital de forma sostenida si este es generado por la especulación y no por un proceso productivo.
La segunda versión de esta operación para potenciar el sector privado con los recursos y bienes públicos ocurrió en la década de 1990. Por una parte, se vendieron las empresas públicas a precios bajos, se sustituyó su función a precios elevados, y se sacrificó el fisco creando regímenes de exoneraciones para facilitar el desarrollo de rubros. En este caso, se lograron desarrollar algunos sectores, pero igual que en el caso anterior las pérdidas por corrupción e ineficiencia fueron altísimas. La forma de hacerlo no tenía una base amplia, siendo muy escasos los capitales formados, y siendo hijos de la especulación y el favoritismo carecían en muchos casos de capacidad de crecimiento orgánico.
Todo lo que hemos visto desde entonces son variaciones de las mismas formas de generar acumulación de capital. Ni la concentración de tierras, la inversión extranjera en enclave, el aval del estado, la empresa estatal, el colectivismo, o la prebenda fiscal han logrado generarla sostenidamente. Cada una de estas herramientas ha producido progreso (a veces a costos altísimos), pero el desarrollo continuo nos ha eludido. Es importante estudiar las lecciones (nuestras y ajenas) para aprender y hacerlo mejor en el futuro.