Los diputados suplentes
Jose S. Azcona Bocock
Este no es un ataque contra los diputados suplentes. La posición es bastante controversial, pero comprendemos que realizan un trabajo importante de representación y gestión que muchas veces supera al de los diputados propietarios. No existe una diferencia natural de inteligencia o calidad moral entre ambos tipos de representantes. Igualmente, este análisis no tiene sesgo de facción o partido, ya que es de aplicación general.
La razón de existir de la posición de diputado suplente es sustituir en ausencia al propietario. Esta ausencia ha pasado de ser de tipo permanente (fallecimiento o renuncia) y personal (sustitución directa en el espacio del propietario), a ser continua (ausencia por cualquier causa) y general (sustitución de cualquier inasistencia del mismo partido). Los partidos pelean cuotas de incorporación que permitan a una mayor cantidad de sus suplentes recibir un salario y tener un incentivo para asistir a la cámara.
Los diputados suplentes (algunos de ellos) cumplen funciones importantes además de lograr el quorum. La condición de diputado abre las puertas a una cantidad de labores de gestión que los electores, especialmente fuera de Francisco Morazán, han requerido históricamente. Adicionalmente, se logra representación complementaria de sectores o regiones al duplicar a los representantes por departamento. Aun con estos beneficios, los costos aparentes y escondidos de este sistema son bastante altos en la labor del órgano legislativo. Es visible la necesidad de erogar más en salarios y otros beneficios, pero hay otros sustanciales.
El efecto en representación es perjudicial ya que libera de la responsabilidad de participar a quienes tienen un mandato especifico ante la población de representarlos. Al ser menos necesaria la presencia del propietario y al no haber una responsabilidad individual por cada voto o asistencia, la población recibe menos tiempo y esfuerzo de su elegido. El diputado propietario puede ausentarse sin que se note, asegurando el voto de su partido y evitando incomodidades o responsabilidad. Además de esto, siendo indirecto el mandato del suplente, este tiene menos incentivo para lograr una reelección o cuidar un prestigio que lo llevó a ser electo.
Las nominaciones de los candidatos a diputados suplentes las hace el propietario o su corriente política. El criterio utilizado puede ser de representación o inclusión, pero también de contribución monetaria o nepotismo, dando como resultado representaciones ajenas al interés del elector. Este efecto es magnificado por el hecho de que el acceso a salario, prebendas, o capacidad de gestión, es controlado por quienes dirigen el Congreso Nacional o las bancadas. Esto significa que el sistema hace más fácil el manejo concentrado de la toma de decisiones, reforzando el caudillismo tradicional y llevándolo a un ente donde no debe existir.
Por tanto, creo que se puede evaluar la eliminación de las suplencias en las elecciones a diputados del Congreso Nacional. Como cualquier reforma, esta no puede ser de interés específico de nadie, por lo que podría hacerse efectiva para la segunda elección subsiguiente. El reto de sustituir faltas absolutas o permisos se resuelve integrando al siguiente miembro de la planilla que no salió electo y con una sustitución a la silla del propietario excusado únicamente. El problema posible de sustitutos de “dedo” se previene con esta solución.
Esta posible reforma pondría más presión a los diputados propietarios para dedicar tiempo y esfuerzo a sus funciones parlamentarias. Considerando que es un problema el tener un nivel de representación que vaya a la par con el avance educativo y social, posiblemente deba ligarse con otras acciones para promover la participación. Esto no debe negar la necesidad de tener un Congreso Nacional compuesto de representantes electos y responsables individualmente.