Recuerdo que a los 5 o 6 años (1977-78), recién abiertas las cuevas de Taulabé al público, se nos contaba sobre una historia fantástica de un tesoro escondido en las mismas. Éste era producto de la acción de un paracaidista misterioso, que había descendido y ocultado el dinero. Y que con mucho detenimiento o cuidado alguien algún día lo encontraría.
Esta es mi primera memoria de uno de los hechos más curiosos acaecidos en Honduras en los 1970s: el caso del aeropirata Frederick Hahneman.
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