Ambiente laboral amigable para las mujeres
Jose S. Azcona Bocock
Una sociedad que no practica la equidad de género, además de marginar a la mitad de su población, está condenada al atraso por no poder disponer de sus recursos de forma eficiente. Igualmente, las empresas, al persistir en prácticas históricas que retrasan el crecimiento de las mujeres pierden productividad y capacidades. Los efectos son continuos, acumulativos y persistentes.
Generalmente el problema de inequidad se considera resuelto con una igualdad formal de oportunidades. Esto asume una equivalencia en las condiciones culturales, los espacios informales y exposición a riesgos e incomodidades que no existe en la realidad. Para enfrentar este problema hay que atacar las fuentes de los mismos, pero además hay que tomar acciones compensatorias.
Como solución del problema elemental de inseguridad e incomodidad, es necesaria la intolerancia absoluta a cualquier tipo de sexualización en la relación entre personas en niveles dispares de autoridad y una cultura profesional en el trato entre todas las personas. El acoso es el uso del poder del fuerte contra el débil, quitándole valor a su humanidad. Por tanto, debe haber una política hostil y punitiva para quienes aprovechen su posición superior para este fin o para quienes degraden de palabra o hecho a sus compañeras. Esto aplica también en el caso converso, el cual se irá volviendo más común y se resuelve de la misma forma; pero en el presente las víctimas son las mujeres.
Los patrones culturales no han evolucionado lo suficiente para equiparar la carga familiar, por lo que el tiempo y responsabilidad de las mujeres en el cuidado de sus hijos es sustancial. Cada familia debe trabajar en eso, ya que no hay responsabilidades que competen a un solo género exclusivamente, más que las que manda la biología. Las empresas pueden ayudar a mitigar este problema con su cultura de uso del tiempo e incentivar el teletrabajo. Los estudios demuestran que horarios presenciales más limitados ayudan a la productividad y calidad de vida de todos y ayudan con este desafío.
La exigencia de jornadas muy largas y que invaden las horas nocturnas o fines de semana tiende a afectar más a las mujeres, sin brindar en la mayoría de los casos mayor producción (que en muchos casos se puede hacer remotamente).
Existen culturas laborales que premian socialización fuera de horas, especialmente entre impares jerárquicos. Esto genera una penalidad para quien tenga que cuidar a su familia, ya que el no estar presente le hace más difícil crecer en su carrera. Un ambiente con buenas relaciones entre sus miembros es muy beneficioso, pero se debe considerar los efectos que tiene al evaluar a las personas.
En algunas clasificaciones existe una cantidad de mujeres sustancial participando tanto a nivel de entrada como en posiciones de responsabilidad. En carreras técnicas o trabajos de campo, han existido menos oportunidades o se han abierto más recientemente, resultando en que no haya costumbre de ver mujeres en el puesto. Esto es agravado al ser de reciente apertura porque no han podido ascender a posiciones de responsabilidad, creando dudas sobre sus capacidades. En estos casos es necesario dar una opción preferente al empleo femenino, de forma consciente, en el proceso de contratación y de promoción. Solo así se puede combatir el efecto del prejuicio histórico.
La creencia en la incompatibilidad de la maternidad con la vida laboral ha ido en descenso. Sin embargo, existen una enorme cantidad de barreras y limitaciones prácticas que se podrían ir superando. La flexibilidad que da trabajar remotamente y la mayor disposición de los padres de participar si tienen el acceso al tiempo, permite en muchos empleos reducir el tiempo inactivo o de crear condiciones adaptadas a las necesidades según el caso. Recordemos que la legislación laboral solo contempla condiciones mínimas de protección adaptadas a un trabajo agrícola o industrial como era en los 1950’s, sin considerar los avances en las comunicaciones posteriores.
Resolver el problema de la inequidad en primer lugar requiere poder verla y reconocerla como algo nocivo y persistente, que no se resuelve pasivamente. Los esfuerzos voluntarios, hechos con buena voluntad y espíritu de aprendizaje de parte de todas las personas e instituciones pueden ayudar a corregir una discriminación velada pero muy real.